El cine de autor en la Argentina se queda sin público

12.11.2021 a las 17:23 hs 183 0




El cine independiente y de autor que se exhibe en las salas se enfrenta hoy a un escenario de tormenta perfecta. Reducido hoy casi a la mínima expresión en cuanto a poder de convocatoria, el sector vislumbra un futuro de pronóstico reservado que llena de incertidumbre una vez más la continuidad de una histórica tradición argentina. Parece haber quedado muy atrás el tiempo en la que la cartelera local se renovaba todo el tiempo con muestras robustas de diversidad cultural. Hoy cuesta mucho encontrarla, pasa casi inadvertida.


Buena parte de esta realidad quedó todavía más a la vista a partir de un dato clave revelado a principios de noviembre, cuando se confirmó que Madres paralelas, la más reciente película de Pedro Almodóvar, fue adquirida por Netflix para su estreno en toda América latina. Hasta ahora, cada una de las películas del director español llegaba a los cines argentinos con enorme expectativa y, por lo general, buena respuesta de público. Ahora, por primera vez, estará disponible en 2022 exclusivamente en streaming, a menos que Netflix esté dispuesta a exhibirla unos días en los cines y los circuitos de exhibición estén de acuerdo.


Esta novedad es un espejo que parece adelantar el futuro inmediato. A Almodóvar se suman otros grandes creadores en esta tendencia que lleva muchos de los estrenos del cine de autor a las plataformas de streaming en vez de hacerlo en las salas. En diciembre, también por Netflix, se estrenará la nueva película de Paolo Sorrentino, Fue la mano de Dios. Es posible que pase por los cines en los días previos a su lanzamiento vía streaming, pero esa posibilidad se extenderá por pocos días y no tendrá ni por asomo los alcances de obras previas del director como La grande belleza (2014).


A la vez, títulos premiados o recibidos con grandes elogios en Cannes como la francesa Titane, de Julie Ducournau (ganadora de la Palma de Oro 2021); Benedetta, de Paul Verhoeven; Memoria, de Apichatpong Weerasethakul (filmada en Colombia y elegida por ese país para competir en el Oscar internacional), y Bergman Island, de Mia Hansen-Love, también llegarán a la Argentina vía streaming. Las obras previas de estos directores siempre tuvieron un lugar destacado en los cines locales, pero ahora prefieren estrenarlas en Mubi, una plataforma especializada en cine de autor que ya cuenta con 12 millones de suscriptores en todo el mundo.


La atracción del streaming para ver cine de autor es una de las tendencias más fuertes del tiempo inaugurado con la pandemia, que en este tiempo de recuperación paulatina de la normalidad no parece alterarse demasiado. “Se consolidó una oferta de streaming muy intensa durante el tiempo de encierro del que cuesta salir, porque hay una conducta inercial de la gente al respecto y a muchos les cuesta volver a las salas. El cine de autor está hoy al 25 % de los números que tenía en la vieja normalidad y lamentablemente no levanta”, explica Carlos Zumbo, de Zeta Films, uno de los distribuidores de cine de autor más experimentados de la industria local.



Quienes se dedican a esa actividad coinciden en el primer diagnóstico: todavía hay un temor latente en la franja de población adulta que hasta la llegada de la pandemia tenía la costumbre de ver cine en el cine. “Nuestro público tradicional está volviendo a salir de a poco, pero le está dando prioridad a otras cosas como ir a comer y ver alguna obra de teatro en vez de ir al cine. Los cines son completamente seguros y los protocolos se aplican y se cumplen muy bien, pero entre la gente todavía hay muchas dudas”, reconoce Martín Morgenfeld, de Maco Cine.



Hoy, la capacidad disponible de los cines varía según las normas de cada jurisdicción. La Ciudad de Buenos Aires, donde se concentra la mayoría de los espacios dedicados al cine independiente y de autor, permite el uso del 100% de las butacas de cada sala, pero aún así la convocatoria está lejos de ser la de antes. Morgenfeld, sin embargo, cree que el tema del aforo no es la principal dificultad que enfrenta hoy el sector.


En ese sentido, dice que habría que prestarle más atención al cambio de hábitos impuestos por la pandemia. “Tuvimos los cines cerrados demasiado tiempo y en todo este período las plataformas crecieron muchísimo y acostumbraron a la gente. Cada vez es más difícil competir con ellas. Fijate que octubre cerró con el 40% de los números que teníamos en igual período de 2019. El teatro, en cambio, estuvo al 80%. Aunque se trata de actividades bien diferentes, logró recuperarse el doble de rápido que el cine”, ilustra.


Los distribuidores locales suman a estos factores otro mucho menos visible como la desaparición de las guías y carteleras que orientaban la elección del público desde Internet o los principales medios gráficos. La franja de espectadores que estaba acostumbrada a ir al cine, al no tener esas referencias, se quedó sin información acerca de las películas disponibles, los estrenos, las novedades y las salas que vuelven a funcionar.


Sobre este último detalle también hay problemas que se acumulan. Algunos espacios que privilegiaban al cine de autor dejaron de funcionar o se transformaron, y hay barrios que perdieron sus cines en parte o en su totalidad (Belgrano, Caballito, Flores). A la vez, las medidas preventivas forzaron una separación mayor entre funciones y además, aunque se recuperaron los horarios nocturnos, casi no hay estímulos (por el contrario, más bien temores) para moverse por la zona céntrica después del anochecer.


“Tenemos la noche de los museos, la noche de las librerías, la noche de las disquerías. ¿Y el cine dónde está? En otros países hubo fuertes apoyos oficiales a la distribución y a la exhibición, porque son actividades que estimulan fuertemente la creación de empleos. Me parece que habría que tener en cuenta modelos como el que se aplica en Francia. Por otro lado, nuestros costos están dolarizados. ¿Cómo puedo planificar con esta realidad?”, se preguntó Zumbo.


Los distribuidores de cine independiente en la Argentina se ajustan, reducen gastos, comparten oficinas en algún caso y prefieren estrenar el poco material que tenían guardado antes de arriesgarse y salir a buscar cosas nuevas en situación muy desventajosa. Los números los condicionan.


Por ejemplo, J’Accuse, de Roman Polanski, estrenada a mediados de agosto, vendió apenas 10.781 entradas en su paso por los cines locales, según los números de Ultracine. Pinocho, de Matteo Garrone, obtuvo cifras más o menos parecidas. A Lazos de familia, de Ken Loach, le fue todavía peor: solamente 1936 entradas desde su lanzamiento el mes pasado. De los estrenos recientes, la israelí Asia, pese a contar con un amplio rango de críticas favorables, convocó en su primera semana a escasísimos 728 espectadores.


Al cine independiente estadounidense de más alto perfil, tanto que llegó a lo más alto de la competencia del último Oscar, tampoco le fue mejor. Nomadland, la ganadora del premio a la mejor película este año, sumó nada más que 10.555 entradas vendidas y quedó en el puesto 73 entre los títulos más vistos este año. Y Hermosa venganza tuvo un poco más, pero no demasiado: 12.070. Un poco mejor le fue a El padre, protagonizada por Anthony Hopkins (Oscar al mejor actor), que vendió 22.823 tickets.


Lanzamientos demorados, tardíos o directamente invisibles, salas disponibles cada vez más escasas, pocos estímulos para el público, competencia de streaming cada vez más fuerte, concentración extrema de la cartelera. Los factores se acumulan para marcar un fuerte cambio de hábitos, costumbres y tendencias que alcanzan la máxima expresión con el estreno, el 4 de noviembre pasado, de la película francesa Dios mío ¿y ahora qué hemos hecho?



Se trata de una comedia francesa de perfil popular, sin otra pretensión que el entretenimiento. Está lejos de cualquier identificación con el cine de autor, pero encarna un tipo de producciones de enorme éxito en su país de origen que siempre supo encontrar en la Argentina un espacio dentro de la cartelera.


Es, además, secuela de Dios mío, ¿qué hemos hecho?, cuyo lanzamiento en nuestro país en febrero de 2015 convocó en su primer fin de semana a casi 15.000 personas y se ubicó entre las 10 películas más vistas. Ahora, a fines de 2021, su secuela (con las mismas características, el mismo elenco e igual potencial de convocatoria) tuvo en su primera semana de exhibición en los cines locales nada más que 1192 espectadores. De 15.000 a casi 1200 en apenas seis años. Todo un cambio de época.


Zumbo cree que superar la situación actual “va a costar mucho” y que impone la necesidad de aplicar “políticas activas” para asegurar la diversidad cultural que solo puede ser garantizada por la presencia constante y amplia de películas independientes y de autor de distintos orígenes en la cartelera local. “Nosotros esperamos que la curva mejore”, agrega.


“Trato de ser optimista -dice Morgenfeld, a pesar de todo-. La vacunación avanzó mucho y creemos que la recuperación va a consolidarse después de Año Nuevo. Nuestra idea es seguir con los planes que teníamos armados y afirmarnos en la idea de que 2022 tiene que ser la demostración de lo que será la nueva normalidad. Siempre queremos que las películas se vean tal como fueron concebidas por sus creadores, en pantalla grande. La experiencia de ver cine en el cine tal vez se transforme, pero nunca va a desaparecer”.



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