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Te pusiste la 10, Chinwenwencha



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Difícil que el pollodesertor no sepa de qué hablamos si hablamos del Chiwenwencha. 
Rosario Central acababa de ganar la Copa Argentina, y Jairo Lucero, tachero, mandó una gastada al grupo de wasap del laburo, para un hincha de Newells, el clásico rival:



YouTube EsNb166Rd50


"Si esta copa es de leche, te la tomaste toda chinwenwencha"

Para los desertores de otros países, en Argentina decir que una copa es de leche es sacarle mérito, decir que tiene poco valor. El término surge a principios del s.XX denominando a las meriendas de los comedores escolares que estaban comenzando a darse.

En 1926, cuando las copas de leche se habían popularizado bastante, los clubes Chacarita Juniors y Boca Juniors, organizaron una copa solidaria a beneficio de un comedor escolar del barrio de Chacarita, y la llamaron también
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.
No tenía carácter oficial por parte de los entes organizadores de torneos, era nada más -y nada menos- que una iniciativa social. Boca ganó el partido y salió campeón de la auténtica Copa de leche.

De ahí el terminó pasó a usarse para competiciones de poca reputación o validez oficial, como la Sorongo Bank, y los torneos barriales solidarios también suelen denominarse así.



Los hinchas de Newells buscaban minimizar el título obtenido por Central, tildando a la Copa Argentina de copa de leche. La metáfora del Chinwenwencha es, que si era de poca importancia, bastante pendientes estaban del tema, "si es de leche, te la tomaste toda" haciendo guiño también a tragarse el semen después de una fellatio.

Chinwenwencha es una deformación de sinvergüenza, común en los niños. Según dijo el propio Jairo, así lo pronunciaba su sobrina cuando era chiquita y toda su familia sigue usándolo.

El audio trascendió el grupo de wasap de los tacheros, se viralizó y se conjugó de muchas formas dentro del folklore popular.









Pero el Chinwenwencha tenía más cuerda todavía,
y un trasfondo social polenta. 



Nacido en el barrio de Arroyito, a los 12 años arrancó a laburar de canillita, fue cocinero, cadete, ayudante de albañil y verdulero antes de ser taxista, y él y sus 3 hermanos fueron criados por su vieja sola, que siempre fue portera. 



YouTube B8Cwp-B8sJk


"Vivimos toda la vida en un barrio de laburantes que está en la entrada de la villa. Mi mamá hizo de todo para no tener que mandarnos a un comedor pero igual los comedores fueron parte de mi vida porque yo me quedaba en la calle esperando que mis amiguitos comieran y volvieran a salir a jugar"

A los 17 entró en la falopa, ni terminó el secundario. Anduvo una década en esa, y salió.

"Hace tres años dije basta. No quería más esa vida. Tuve suerte de no haber perdido los trabajos y de no haber lastimado a nadie, porque arriesgás un montón. Yo quería tener una relación seria, un proyecto de vida y la noche te lleva a hacer cualquiera"



Hace un año, a 30 metros de la casa en la que se crió el Chinwenwencha, Fabiana Luque -vecina de toda la vida, junto a otras tres mujeres del barrio- montaron una especie de "copa de leche" justamente. Le pusieron “El alfarero”.

"Los chicos del barrio estaban pasando hambre y se nos ocurrió empezar a darles la leche". No había lugar físico donde servirles la merienda y Jairo se acercó a ayudarla a montar tablones a la intemperie, bajo un puente, para que los chicos comieran en una mesa. 



Para ese entonces, Jairo ya trabajaba en el taxi de 5 de la tarde a 5 de la mañana. De a poco, cada mañana al volver del laburo, empezó a involucrar a gente que conocía para que ayudaran, "incluso a los personajes del barrio que conocía de las malas".

Como Fabiana cocinaba con leña bajo el puente, Jairo se propuso conseguir una garrafa. La consiguió, después tiró en el grupo de taxistas: "¿Quién tiene un viaje cerca como para ir a buscarla y traérsela a los chicos?", y los movilizó también a ellos.

Pero las donaciones no alcanzaron y pronto tuvieron que dejar de servir la merienda. "No había con qué. Yo soy ama de casa, mi marido vende tortillas asadas en la feria. Toda la plata que nos entraba era para darle de comer a esos chicos, hasta que no alcanzó más", cuenta Fabiana.



Pocos días antes de que Jairo grabara el video, Fabiana y su marido reabrieron "El alfarero" con la esperanza de volver a conseguir donaciones.

Las donaciones llegaron pero de una forma que jamás hubieran podido imaginar: cuando en Rosario se corrió la voz de que "El chinwenwencha" era parte del alma del comedor, empezó a llegar mercadería de todos lados.

"Llaman de algún lado para donar fideos, harina, azúcar.. pero dicen que me quieren conocer antes, porque hay gente que piensa que capaz las cosas se pueden usar para otro fin", cuenta Jairo. "Coordino con los taxistas para ver quién puede pasar a buscar la mercadería y traerla para los chicos, me pongo a servir la comida, hago lo que haga falta".



En pocos días, "un loco hincha de Central que trabaja en una Química" mandó litros y litros de detergente, cloro, esponjas, desengrasantes. Otro conocido llevó ropa. Lo llamaron de Nueva Zelanda para ver qué más necesitaban. Escribió un muchacho desde Italia que le contó que había vivido en un Hogar de niños del barrio, había sido adoptado por una familia "de buen pasar" cuando tenía 10 años y ahora quería ayudarlos.

De darles la merienda pasaron a darles también de cenar. Por el frío, Fabiana terminó abriendo las puertas de su casa: 40 chicos van a cenar todos los días, muchas veces con sus mamás. Otros 15 van a buscar comida para llevarse a sus casas. Ahora que empiezan las vacaciones de invierno, también van a darles el almuerzo.



"Algunos solo comen si comen acá. Todos los días me vienen a preguntar si voy a cocinar. No sólo chicos, ahora están viniendo los abuelitos que andan en la calle", cuenta Fabiana. "Crecimos mucho -agrega Jairo-, porque empezaron a venir hasta de otros barrios. Crecimos, aunque te digo la verdad: uno no quisiera ver cada vez más chicos con necesidad de comer".

Se corrió la voz y le escribieron para regalarle pelotas de fútbol, bicicletas: "Es que no es sólo comer, cuando sos chico necesitás más que eso", sigue. "Está bueno, los pibitos se ponen re contentos. Comen algo y después se ponen a jugar". A Jairo, además, empezaron a llamarlo para hacer "presencias" en boliches: hay gente que lo espera en la puerta de madrugada con bolsas de ropa para que le lleve a los chicos.



Lo llamaron para conducir un evento solidario en un merendero de Neuquén y fue. Le pidieron que fuera a otro a Caleta Olivia y también fue.

"Mirá, yo nunca planifiqué nada la verdad, nunca tuve nada armado. Esta vez sí, planifiqué usar esto que pasó con el video del chinwenwencha para ayudar a estos pibes. Nunca algo me salió tan bien en la vida".

 


Así que el Chinwenwencha no es ningún fisura, labura y da una mano en el barrio. ¿Qué tal, eh? 

Y de yapa, mirá la chinwenwenchona con la que anda, con la que están por tener un chinwenwenchita y todo:





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