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Los extranjeros que ayudaron en Malvinas



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Los extranjeros que ayudaron en Malvinas


Media docena de expertos del exterior, especializados en distintos armamentos y equipamientos militares, estuvieron durante el conflicto en las islas prestando servicio a los efectivos argentinos en combate. Esto, a pesar de que los alemanes hab√≠an declarado el bloqueo de armas en favor de los ingleses, los suizos alegaban neutralidad y los peruanos s√≥lo hicieron p√ļblico su apoyo despu√©s del hundimiento del Belgrano. Y la historia de los que quisieron ir y no pudieron.





Piezas clave. Los seis expertos resultaron fundamentales para resolver cuestiones t√©cnicas que los soldados y superiores argentinos no pod√≠an solucionar. Entre ellos, los ca√Īones de la firma Oerlikon-Contraves, y los misiles disparados durante los d√≠as del combate.





Dos peruanos, un alemán, un suizo y dos israelíes participaron de la guerra de Malvinas junto a las fuerzas argentinas, cumpliendo funciones que incluyeron el asesoramiento en la puesta a punto de sistemas de defensa, la reparación de baterías antiaéreas, la instalación de equipos de comunicación y el entrenamiento de oficiales en el uso de misiles soviéticos.

Lo que hace este evento más trascendente es que los germanos, junto a sus pares de la Comunidad Económica Europea (CEE), se habían plegado, el 5 de abril de 1982, al bloqueo de armas que había establecido Inglaterra contra el gobierno de Leopoldo Fortunato Galtieri, al igual que las naciones miembros del Commonwealth y los Estados Unidos.

En tanto, los suizos se habían declarado neutrales pero habían congelado el envío de los equipamientos bélicos adquiridos por el país antes de la guerra y que estaban pendientes de entrega.

Los israel√≠es, por su parte, se mantuvieron al margen del conflicto p√ļblicamente pero, por detr√°s, abrieron un canal de aprovisionamiento de armamentos que se mantuvo a lo largo de todo el conflicto.

En cambio, los peruanos primero mediaron entre británicos y argentinos y, luego del hundimiento del crucero General Belgrano, el 2 de mayo, se volcaron abiertamente a ayudar al gobierno de Galtieri mediante el envío de equipamientos bélicos propios y la triangulación de los provenientes de Jerusalén.





Neutral pero no tanto. En el momento de la recuperaci√≥n de las islas, la firma Oerlikon-Contraves ten√≠a pendiente de entrega 22 de los 436 ca√Īones de 20 mil√≠metros que hab√≠a adquirido la Fuerza A√©rea en 1981. Todos los env√≠os quedaron autom√°ticamente suspendidos luego del bloqueo de armas aunque permanecieron en el pa√≠s los especialistas que estaban entrenando a oficiales y suboficiales en el uso y mantenimiento de los equipos.

La neutralidad suiza no impidi√≥ que el 15 de abril, Eusebio Aguiar, uno de los t√©cnicos de la compa√Ī√≠a que estaba en la Argentina, viajara a las Malvinas para ofrecerles su ayuda a los militares.

Para ese entonces, su contacto era con el Ej√©rcito ya que hab√≠an sido los √ļltimos en adquirir los ca√Īones de 35 mil√≠metros. As√≠ que, ni bien lleg√≥, fue en busca del por entonces teniente coronel (actualmente general de brigada retirado) H√©ctor Arias, jefe del Grupo de Artiller√≠a de Defensa A√©rea 601, en los alrededores de Puerto Argentino.

Sin embargo, all√≠ su tarea fue limitada ya que a√ļn no hab√≠an arribado a las islas los equipamientos. ‚Äú√Čl iba y ven√≠a y, en ese momento, estaba en el pa√≠s. La f√°brica ten√≠a inter√©s de que fuera porque nos hab√≠an vendido recientemente el material. Estuvo muy poquito en Malvinas en abril y, despu√©s, se volvi√≥ porque no lo necesitaba ‚Äď afirma Arias‚Äď. A√ļn no hab√≠an llegado los ca√Īones, por eso lo devolv√≠ enseguida, y estando el material tampoco lo precisaba mucho porque mis oficiales estaban perfectamente capacitados y el material funcionaba bien, por lo que no hubiera sido necesaria su presencia‚ÄĚ.

Luego de su paso por el Ej√©rcito, Aguiar se dirigi√≥ al aeropuerto donde se cruz√≥ con el por entonces capit√°n (actualmente brigadier retirado) Rodolfo Savoia, quien estaba a cargo de la artiller√≠a antia√©rea de la Fuerza A√©rea, y le pidi√≥ ver sus ca√Īones.

‚ÄúFue hasta all√≠ y sac√≥ de su bolsillo su nivel de 10 cent√≠metros de largo, lo limpi√≥, lo puso en la base de la flecha de los ca√Īones y dijo que estaba bien nivelado. Fue a la otra pata y dijo que estaba perfecta‚ÄĚ, recuerda Savoia.





El teniente primero (actualmente comodoro retirado) Oscar Spath, quien fuera el encargado de acompa√Īarlo en la revisi√≥n, concuerda. ‚ÄúMe pidi√≥ permiso para inspeccionar los ca√Īones para ver si los ten√≠amos bien emplazados y nivelados. Cuando termin√≥ con su tarea nos dijo: cada vez que hagan un disparo tienen que controlar el nivel de los ca√Īones. Despu√©s, ya no lo volvimos a ver‚ÄĚ. Un par de d√≠as m√°s tarde, Aguiar concluy√≥ su misi√≥n y retorn√≥ a Comodoro Rivadavia.
La ayuda germana. La presencia de un alemán en Malvinas es la más increíble ya que su país se había plegado al bloqueo de armas contra la Argentina. Sin embargo, esto no impidió que el ingeniero Manfred Jentges, de la firma franco-germana Euromissile, viajara a las Malvinas en medio de los bombardeos británicos.

En ese momento, se encontraba de vacaciones en el pa√≠s cuando el Ej√©rcito lo invit√≥ a visitar las estaciones de misiles Roland que estaban en las islas para que ayudara a los militares en lo que pudiera. As√≠, Jentges viaj√≥ el 14 de mayo, por propia voluntad, en medio de los combates, sin que la compa√Ī√≠a ni su gobierno lo supieran.

‚ÄúLa empresa no lo mand√≥, sino que dej√≥ a su criterio si quer√≠a ir y √©l por su cuenta y riesgo viaj√≥ voluntariamente, cuando sus dos compa√Īeros franceses se quedaron en Mar del Plata. Su gesto fue muy bueno porque no ten√≠a ninguna obligaci√≥n de ir‚ÄĚ, resalta el por entonces teniente primero (retirado como teniente coronel) Carlos Regalini, quien se desempe√Īaba en aquel tiempo como jefe de la bater√≠a del GADA Mixto 602.





Al día siguiente, miembros del Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601 intentaron todo el día trasladar la batería Roland hasta Puerto Argentino para que le reparara una de las placas que le impedían que el grupo electrógeno funcionara correctamente. Finalmente, lograron su cometido a las 18.30.

‚ÄúTen√≠amos un problema con el grupo electr√≥geno del sistema de misiles: se hab√≠a roto una tarjeta y √©l vino a repararla. Esto no era un impedimento para que la bater√≠a funcionara, porque tambi√©n trabaj√°bamos con energ√≠a com√ļn, pero era importante. Su ayuda fue m√°s que importante‚ÄĚ, detalla Regalini.

Durante las siguientes dos jornadas, Jentges se dedic√≥ a arreglar los desperfectos t√©cnicos que ten√≠a el equipo, por lo que reci√©n pudo estar operativo nuevamente el 18 de mayo, seg√ļn consta en el Diario de guerra de la bater√≠a Roland, redactado por el subteniente Diego Noguer.

El ingeniero no sólo se dedicó a reparar el grupo electrógeno sino que, también, aprovechó para brindarles información técnica sobre los equipamientos británicos a los oficiales argentinos.

‚ÄúNos pasaba unos datos interesantes de sus aviones, misiles antirradar y los armamentos que ten√≠an los brit√°nicos. Estaba m√°s con nosotros que con los ingleses‚ÄĚ, explica el teniente coronel.





Luego de que concluyó su tarea en Puerto Argentino, Jentges retornó a Comodoro Rivadavia y, después, reanudó sus vacaciones que había abandonado para ayudar a los tropas argentinas.

El armamento soviético. La ayuda peruana se materializó tanto a través de la provisión de armamentos como mediante el envío de oficiales especialistas en artillería de su Fuerza Aérea (FAP) para entrenar a sus pares argentinos.

Así, el 6 de mayo aterrizó en la base aérea de El Palomar un C-130 proveniente de Lima cargado con munición, cohetes, misiles y bombas, entre ellos 120 lanzadores portátiles tierra aire SA-7 Strela 2, de origen soviético.

Junto con esto, arribaron dos oficiales peruanos para entrenar a sus pares en las Malvinas y a un tercero para hacer lo propio con los militares que estaban en Comodoro Rivadavia.





La primera capacitación la dio el teniente Ramírez a un grupo de oficiales y suboficiales en la IX Brigada Aérea de la ciudad chubutense, donde les explicó cómo se utilizaban los misiles.

‚ÄúMe llevaron adentro de un hangar para la instrucci√≥n, todo medio misterioso. S√≥lo salimos cuando nos explic√≥ de qu√© manera se encend√≠a el misil y la cabeza buscadora del blanco. Nos dio un manual, una clase te√≥rica y una pr√°ctica‚ÄĚ, afirma el comodoro ( R ) Walter Garay quien particip√≥ del curso.

Sin embargo, Ramírez no se conformó con eso pidió cruzar a las Malvinas para combatir contra los ingleses, pero la comandancia de la Fuerza Aérea Sur le prohibió que lo hiciera.

‚ÄúEra muy gaucho y consustanciado con el tema, quer√≠a cruzar. Hasta lo ten√≠an que controlar para que no se subiera a un H√©rcules‚ÄĚ, recuerda el brigadier ( R ) Jaime Ugarte, quien tambi√©n particip√≥ de la capacitaci√≥n y el 7 de mayo vol√≥ rumbo a Puerto Argentino junto a Garay y un grupo de suboficiales.

Sin embargo, otros dos oficiales peruanos tuvieron mejor suerte y cruzaron el 9 de mayo, en forma secreta, a Puerto Argentino y, enseguida, fueron enviados en un helicóptero Bell 212 junto con dos lanzadores y ocho misiles SA-7 a Pradera del Ganso.





‚ÄúLlegaron los misiles con los t√©cnicos peruanos, casi en forma simult√°nea, a darnos las clases sobre c√≥mo operar esos misiles que nosotros no ten√≠amos‚ÄĚ, afirma el brigadier ( R ) Wilson Pedrozo, quien estaba a cargo de la Base A√©rea C√≥ndor.

Allí, quedaron a las órdenes del jefe de Operaciones, el vice comodoro (retirado como comodoro) Oscar Vera Mantarás, quien les asignó a los pilotos más jóvenes de Pucará, entre ellos el teniente Hernán Calderón, para que los entrenara y así pudieran operarlos cuando no volaran.

‚ÄúLos oficiales de la Fuerza A√©rea Peruana estuvieron un par de d√≠as y le dieron instrucci√≥n a un grupo de nuestros aviadores y ellos, despu√©s, se lo transmitieron a otros de nuestra base. Ten√≠an unas ganas b√°rbaras de quedarse y no los dejamos porque no pod√≠amos tenerlos ah√≠‚ÄĚ, resalta.

Finalmente, luego de realizar los cursos con los pilotos regresaron en helicóptero a Puerto Argentino y, desde allí, fueron trasladados en un Hércules hacia Comodoro Rivadavia.

Comunicaciones seguras. Algo similar ocurrió con dos técnicos israelíes que viajaron a las islas a instalar un equipo de cifrado Sec 23, de la firma Tadirán, que Jerusalén le había prestado a la Argentina para evitar que los ingleses interfirieran las llamadas entre las Malvinas, Buenos Aires y Comodoro Rivadavia.

Como los oficiales del Ej√©rcito no sab√≠an c√≥mo calibrarlos, le pidieron a la empresa si pod√≠a mandar a alg√ļn especialista a hacer esa tarea. ‚ÄúNuestros t√©cnicos desconoc√≠an c√≥mo hacer que estuvieran inmediatamente en servicio, porque no hab√≠an sido entrenados y para que no cometieran alg√ļn error‚ÄĚ, se√Īala el coronel ( R ) Abelardo Acevedo, ex miembro de la Divisi√≥n T√©cnica de la Agrupaci√≥n de Comunicaciones 601.

Enseguida, la compa√Ī√≠a les envi√≥ a Ioram Guidot y a otro de nombre Ika, dos ingenieros que estaban dando capacitaciones en la Argentina. ‚ÄúCuando me preguntaron qu√© opinaba de que la gente de Tadiran viniera a instalarlo, les dije que s√≠. Era una forma de que se involucraran‚ÄĚ, afirma.

Los dos t√©cnicos llegaron de inc√≥gnito a las islas a fines de abril para evitar problemas diplom√°ticos. ‚ÄúUno de ellos era flaco y alto. Viajaron en un H√©rcules de inc√≥gnito, acreditados como periodistas‚ÄĚ, destaca el coronel ( R ) Carlos Stricker.

El problema fue que la guerra avanzaba y no regresaban a Buenos Aires. Finalmente, Ika volvió promediando el conflicto, pero Guidot siguió allí por decisión propia. Recién, diez días antes de la rendición lograron sacarlo y llevarlo de nuevo al continente.





‚ÄúIoram Guidot era un loco de mierda. Estaba bien que peleara una guerra que fuera suya, pero √©sta no lo era. Yo estaba desesperado para que volviera y lo hizo diez d√≠as antes de que la pista de Puerto Argentino dejara de operar ‚Äďconcluye Israel Lotersztain, uno de los vendedores de Isrex Argentina, la representante de los fabricantes de armas israel√≠es en el pa√≠s‚Äď. Si se hubiera quedado ah√≠, los ingleses lo hubieran agarrado. Era mi desesperaci√≥n. No me quiero imaginar qu√© hubiera pasado si agarraban como prisionero de guerra a un israel√≠‚ÄĚ.

M√°s all√° de todo esto, ninguno de ellos es considerado, hasta el d√≠a de hoy, veterano de guerra de Malvinas a pesar de que la legislaci√≥n argentina establece que debe ser reconocido como tal ‚Äútodo aquel personal de oficiales, suboficiales y soldados de las Fuerzas Armadas y de Seguridad que hayan participado en las acciones b√©licas llevadas a cabo en las jurisdicciones del TOM y del TOAS, y civiles que se encontraban cumpliendo funciones de servicio y/o apoyo, en donde se desarrollaron las acciones‚ÄĚ.
Dos ofertas desechadas
El apoyo de los peruanos e israelíes no sólo se limitó a los hombres que enviaron a las Malvinas sino que, además, sus pilotos se ofrecieron a volar los cazabombarderos y participar de los ataques contra la flota inglesa.

El israelí Shlomo Erez, quien se encontraba en la localidad bonaerense de Tandil entrenando a los oficiales de la Fuerza Aérea, fue uno de los que pidió ir a la guerra, pero no lo dejaron.

‚ÄúQuer√≠a ir a combatir, porque les ten√≠a bronca a los ingleses. Me dec√≠a: ‚ÄėMi familia muri√≥ en manos de ellos, c√≥mo no voy a querer combatir‚Äô. Ellos quer√≠an venir y yo no lo pod√≠a aceptar, porque sino agrand√°bamos la guerra‚ÄĚ, afirma el brigadier general ( R ) Teodoro Waldner, quien era el jefe de la Base A√©rea de la ciudad.


Una oferta similar hicieron los pilotos peruanos Ernesto Lanao, C√©sar Gallo, Augusto Mengoni, Pedro √Āvila, Gonzalo Tueros, Pedro Seabra, Mario N√ļ√Īez del Arco, Marco Carranza, Augusto Barrantes y Rub√©n Mimbela, de los escuadrones 611 y 612 de las FAP, quienes hab√≠an llevado en vuelo desde Arequipa los Mirage V, que su pa√≠s le hab√≠a vendido a la Argentina.

Pero no se conformaron con eso y le pidieron al brigadier general Basilio Lami Dozo, comandante en jefe de la Fuerza A√©rea, continuar viaje para pelear en la guerra. ‚ÄúLos peruanos quer√≠an seguir y presentarse de voluntarios en la guerra de Malvinas. Les dije que no‚ÄĚ, concluye el ex miembro de la √ļltima Junta Militar.




Firma

El rey de la polla

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