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02.03.2020 a las 09:45 hs 283 0




Rembrandt Bugatti (1884 –1916), escultor italiano, se especializó en la ejecución de animales y fue uno de los grandes escultores en bronce de comienzos del siglo XX. Desde niño supo que deseaba ser escultor. En los lujosos jardines de las casas de verano o invierno de la familia, su padre, Carlo Bugatti (1856-1940) fue uno de los más reclamados diseñadores de mobiliario del art noveau.
Rembrandt hacía figuras de arcilla o plastilina que asombraban a los adultos. A uno de los habituales del taller del padre, el escultor ruso (y príncipe) Pável Trubeskói, no se le escapó el talento natural del crío y lo tomó bajo su tutela.


Desde entonces, Rembrandt a quien habían puesto el nombre como homenaje al maestro de la pintura barroca no dejó de realizar trabajos, sobre todo relacionados con la fascinación que sentía por la naturaleza y, en especial, por los animales salvajes. Pasaba horas en el zoológico de Amberes y en el Jardin des Plantes de París. 

Expuso por primera vez a los 16 años en la capital francesa y luego en Turín, Venecia y Milán. Sus figuras de bronce de panteras y elefantes, de gran belleza y un realismo no carente de una moderna expresividad cinética derivada del cubismo, alcanzaron una gran fama porque nadie como él capturaba la esencia de los animales.

Aunque todo le sonreía tanto a él como a la familia (su hermano mayor, Ettore Bugatti fabricaba en una factoría de la Alsacia los automóviles más codiciados del mercado de carreras y de lujo, los hoy míticos Bugatti), al artista le esperaba, como a toda Europa, un destino de desgracia y dolor.



Cuando estalló la I Guerra Mundial, se alistó como voluntario paramédico. Fue camillero y ayudante de enfermería en el hospital de la Cruz Roja de Amberes y algo se le empezó a romper en el alma con el trato diario con las víctimas del drama bélico.



Incapaz de esculpir y hondamente deprimido, el artista no pudo soportar una última tragedia: todos los animales del zoo de Amberes fueron sacrificados porque era imposible mantenerlos debido al esfuerzo bélico o trasladarlos a otro lugar más seguro. Para Bugatti aquello fue como el fusilamiento de todos sus amigos. El 8 de enero de 1916 cerró las ventanas de su apartamento, abrió todas las válvulas de gas y se dejó morir. Tenía 31 años.




Diez años después la muerte de Rembrandt, su hermano Ettore utilizó la estatua de un elefante como mascota sobre el radiador de uno de los coches más ambiciosos de la marca, el Bugatti Royale de 1941.







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